La importancia de los abuelos en el crecimiento de los nietos
Cuando pienso en la importancia de los abuelos en el crecimiento de los nietos, me cuesta reducirla simplemente a una lista de beneficios. Podemos hablar de cariño, aprendizaje, valores, paciencia o apoyo a los padres, pero creo que su influencia se entiende mucho mejor cuando uno mira hacia atrás y recuerda su propia infancia.
Un abuelo que se sienta a explicarte con paciencia cómo funciona algo. Una abuela que prepara precisamente la comida que sabe que te gusta. El camino al colegio, una conversación sin prisas, una historia familiar que has escuchado veinte veces o ese pequeño capricho que tus padres seguramente no te habrían permitido.
Mientras somos niños, muchas de esas cosas parecen normales. Solo con los años entendemos cuánto significaban.
En mi caso, mis abuelos estuvieron muy presentes durante mi infancia. Mis padres trabajaban gran parte del día y ellos asumieron una parte importante del cuidado cotidiano. Ahora, además, puedo observar a mis propios padres convertidos en abuelos y reconocer muchas de aquellas mismas dinámicas.
Eso también me ha hecho comprender algo importante: la relación entre abuelos y nietos no permanece igual durante toda la vida.
Al principio son ellos quienes nos acompañan, nos cuidan y nos ayudan a crecer. Después los nietos se hacen mayores, empiezan a construir su propia vida y puede llegar un momento en el que sean los abuelos quienes necesiten más compañía, apoyo y seguridad.
Por eso creo que hablar de la importancia de los abuelos significa hablar de una relación que evoluciona con nosotros.
¿Por qué son tan importantes los abuelos en la vida de los nietos?
Los padres y los abuelos ocupan lugares diferentes dentro de una familia.
Los padres tienen la responsabilidad principal de educar, establecer límites, tomar decisiones, organizar horarios y preparar a sus hijos para enfrentarse al mundo.
Los abuelos pueden participar también en esa educación, pero muchas veces lo hacen de una manera diferente.
Enseñan contando historias.
Respondiendo preguntas.
Dejando que el nieto observe cómo hacen las cosas.
Compartiendo conocimientos acumulados durante décadas.
Y, sobre todo, enseñando mediante su propio ejemplo.
Un abuelo puede transmitir paciencia sin pronunciar nunca esa palabra. Una abuela puede enseñar perseverancia simplemente mostrando cómo afronta las dificultades de su propia vida.
En mi familia lo viví de esa manera.
Mi abuelo paterno falleció cuando yo era muy pequeño, así que no pude desarrollar con él la relación que me habría gustado. Sin embargo, sí recuerdo perfectamente la influencia que tuvo sobre mí mi abuela paterna.
Siempre la vi como una mujer luchadora, muy echada para adelante. Después de quedarse sola siguió avanzando, intentando prosperar y enfrentándose a lo que venía independientemente de la edad que tuviera.
Nunca se sentó conmigo para decirme: «Tienes que ser resiliente».
No hizo falta.
Yo la veía vivir.
Y probablemente esa sea una de las mayores aportaciones de los abuelos al crecimiento de sus nietos: muchas de sus enseñanzas no llegan mediante consejos, sino mediante el ejemplo.
Los abuelos como fuente de cariño y seguridad emocional
Para muchos niños, la casa de los abuelos representa un lugar especial.
Hay otros ritmos, otras costumbres y, normalmente, también una manera diferente de relacionarse.
Esto no significa que los abuelos deban permitirlo todo ni sustituir la autoridad de los padres. Significa que pueden construir con los nietos un vínculo diferente, en el que suelen tener mucho peso la conversación, la paciencia y la complicidad.
Un vínculo diferente al que existe con los padres
Los padres viven sometidos a muchas responsabilidades al mismo tiempo.
Trabajo, colegio, comidas, horarios, compras, tareas domésticas, actividades, deberes y todos los pequeños problemas que aparecen durante el día.
Aunque quieran dedicar más tiempo a sus hijos, no siempre pueden hacerlo.
Ahí los abuelos pueden convertirse en una figura importantísima.
En mi caso fue muy evidente.
Mis padres trabajaban prácticamente durante todo el día cuando yo era pequeño y mis abuelos estuvieron conmigo durante muchas de esas horas.
Me llevaban a infantil, me recogían, preparaban la comida y estaban presentes durante una buena parte de mi rutina.
Por eso, cuando recuerdo mi infancia, mis abuelos no aparecen solamente en cumpleaños, Navidad o reuniones familiares.
Aparecen en días completamente normales.
Y precisamente ahí se construyen muchas relaciones importantes: en la repetición de pequeños momentos cotidianos.
La paciencia y el tiempo también educan
Una de las cosas que más recuerdo de mi abuelo materno era que arreglaba prácticamente cualquier cosa que se rompiera en casa.
Y yo era muy preguntón.
Podría haberme mandado a jugar para terminar tranquilo, pero recuerdo que tenía mucha paciencia conmigo.
Le preguntaba qué estaba haciendo y él me lo explicaba. Me enseñaba cómo funcionaban las cosas y después continuaba.

Aparentemente estaba enseñándome a arreglar un objeto.
Pero ahora veo que allí había muchas otras cosas.
Curiosidad.
Aprendizaje.
Resolución de problemas.
Atención.
Y, sobre todo, tiempo compartido.
Los niños aprenden muchísimo cuando tienen delante a un adulto dispuesto a responder la décima pregunta después de haber respondido ya las nueve anteriores.
Lo que los nietos aprenden de la experiencia de sus abuelos
Cuando hablamos de aprendizaje infantil solemos pensar inmediatamente en colegios, profesores, libros o actividades educativas.
Sin embargo, una parte importante de lo que aprendemos durante la infancia ocurre fuera de esos espacios.
Aprendemos viviendo y observando a otras personas.
Y un abuelo acumula décadas de experiencias que puede transmitir de maneras muy distintas.
Valores que se transmiten mediante el ejemplo
Es difícil enseñar algunos valores únicamente mediante palabras.
Podemos decirle a un niño que debe esforzarse, respetar a los demás o no rendirse cuando algo sale mal.
Pero probablemente lo comprenderá mucho mejor cuando vea esas actitudes en personas importantes para él.
Eso es lo que representó mi abuela paterna para mí.
La recuerdo como alguien que, a pesar de los momentos difíciles, continuaba avanzando.
Los abuelos pueden transmitir de esta manera valores como el esfuerzo, la paciencia, la responsabilidad, la perseverancia, el respeto o la generosidad.
No necesariamente porque hablen continuamente de ellos.
Sino porque los nietos los ven puestos en práctica.
Conocimientos prácticos que no siempre se aprenden en el colegio
También existe un aprendizaje mucho más cotidiano.
Cocinar una receta.
Arreglar algo.
Cuidar plantas.
Utilizar herramientas.
Organizar determinadas tareas.
Hacer algo con las manos.
Resolver un pequeño problema doméstico.
Mi abuelo tenía esa capacidad de enfrentarse a algo estropeado e intentar solucionarlo.
Yo observaba y preguntaba.
Él explicaba.
Puede parecer algo pequeño, pero ahí también se aprende una manera de enfrentarse a los problemas: observar, intentar entender qué ocurre, probar una solución y volver a intentarlo si no funciona.
Historias familiares que ayudan a comprender de dónde venimos
Los abuelos son también una especie de memoria de la familia.
Gracias a ellos podemos descubrir cómo eran nuestros padres cuando eran pequeños, dónde vivía la familia, cómo eran determinadas costumbres, qué dificultades atravesaron o cómo ha cambiado el mundo durante varias generaciones.
Esas conversaciones ayudan a los niños a conectar con sus raíces.
Un niño puede descubrir que su padre también hacía travesuras, que su madre tenía determinados miedos o que sus abuelos crecieron en una época completamente diferente.
De esa manera, la relación entre abuelos y nietos también ayuda a mantener viva la historia familiar.
El papel de los abuelos en la crianza cuando los padres trabajan
No todos los abuelos ven a sus nietos solamente durante el fin de semana.
En muchas familias forman parte activa de la organización cotidiana.
Cuando los horarios laborales y escolares son difíciles de compatibilizar, los abuelos pueden convertirse en una red de apoyo extraordinariamente importante.
Conciliación familiar y apoyo cotidiano

Recoger a un niño del colegio, preparar la comida, quedarse con él hasta que regresen sus padres o acompañarlo a una actividad puede parecer principalmente una ayuda logística.
Para los padres seguramente lo sea en parte.
Pero para el niño significa mucho más.
Significa compartir horas.
Conversaciones.
Preguntas.
Juegos.
Comidas.
Y cientos de pequeños momentos que terminan construyendo una relación.
Yo viví precisamente esa situación.
Mis padres tenían que trabajar y mis abuelos cubrieron una parte importante de ese tiempo.
Ahora entiendo mejor la ayuda que aquello suponía para mis padres, pero también todo lo que significó para mí.
Naturalmente, esto debe encontrar siempre un equilibrio. Ser abuelo no debería significar convertirse obligatoriamente en cuidador a tiempo completo.
La ayuda funciona mejor cuando se respetan las necesidades y límites de todas las generaciones.
Cuando cuidar también significa construir recuerdos
Lo curioso es que un niño no piensa:
«Mis abuelos están ayudando a mis padres con la conciliación familiar».
Recuerda cosas mucho más sencillas.

La comida que preparaban.
El camino al colegio.
La sobremesa.
El sofá.
Las conversaciones.
En mi caso recuerdo perfectamente cómo mi abuela materna me preparaba las cosas que sabía que me gustaban y me concedía pequeños caprichos.
Incluso recuerdo algo tan sencillo como que, si quería una Coca-Cola y en casa no había, ella iba y me compraba una pequeña.
Es un detalle aparentemente insignificante.
Pero muchos años después todavía lo recuerdo.
Y creo que eso dice bastante sobre las relaciones familiares: los recuerdos más fuertes no siempre proceden de los grandes acontecimientos.
Muchas veces nacen de pequeños gestos repetidos durante años.
«Los padres crían y los abuelos malcrían»: ¿qué hay de cierto?
Probablemente todos hemos escuchado alguna vez aquello de que los padres crían y los abuelos malcrían.
La frase exagera, pero describe bastante bien una dinámica que se produce en muchas familias.
Los abuelos ya tuvieron la responsabilidad de educar a sus propios hijos.
Cuando llegan los nietos pueden vivir la relación con algo menos de presión y permitirse determinados pequeños privilegios.
La complicidad entre abuelos y nietos
Una comida especial.
Un dulce.
Quedarse despierto un poco más.
Un juguete pequeño.
O esa Coca-Cola que en casa no había.
Esos detalles pueden crear una complicidad especial.
Mi abuela materna ocupaba bastante ese papel. Si yo quería alguna cosita, muchas veces intentaba conseguirla.
Naturalmente, consentir alguna vez no debería convertirse en ignorar permanentemente las decisiones de los padres.
Consentir no debería significar desautorizar
La relación funciona mejor cuando padres y abuelos se respetan.
Los abuelos pueden tener otra manera de hacer las cosas, pero las decisiones educativas principales corresponden a los padres.
Si todas las normas desaparecen al llegar a casa de los abuelos, tarde o temprano aparecerán conflictos.
Se puede mimar.
Se pueden permitir pequeños caprichos.
Se puede construir esa complicidad tan característica.
Pero manteniendo unos límites razonables.
Los abuelos también enseñan cómo relacionarnos con otras personas
Un niño no aprende únicamente de cómo sus abuelos lo tratan a él.
También observa cómo se relacionan con quienes tienen alrededor.
Cuando pienso en mis abuelos maternos, una de las cosas que recuerdo claramente es que se querían mucho.
Había unión entre ellos.
Probablemente de pequeño no me sentara a analizar qué tipo de relación tenían.
Simplemente la veía.
Pero esas imágenes también forman parte de nuestra educación emocional.
Vemos cómo dos personas se hablan.
Cómo se cuidan.
Cómo se ayudan.
Cómo envejecen juntas.
Cómo afrontan los problemas.
Y todo eso contribuye a construir nuestra propia idea sobre las relaciones.
Los abuelos no son perfectos, naturalmente.
Son personas con sus virtudes, defectos y circunstancias.
Pero precisamente esa realidad también puede enseñarnos mucho.
La relación con los abuelos cambia con cada generación
Hay un momento curioso en la vida: dejamos de observar esta relación solamente como nietos y empezamos a verla desde fuera.
Eso me ocurre ahora con mis padres.
Ver a nuestros padres convertirse en abuelos
Ahora veo cómo mis padres se relacionan con sus nietos y reconozco comportamientos que yo mismo viví.
Mi madre intenta orientarlos, enseñarles y marcarles un camino.
Mi padre tiende un poco más hacia el otro extremo: disfrutar de ellos y darles algún gusto.
Ahí vuelve a aparecer aquello de que los padres crían y los abuelos malcrían.
Pero hay además una diferencia importante.
Mis sobrinos viven más lejos y mis padres no pueden pasar con ellos tanto tiempo como mis abuelos pasaban conmigo.
Por eso, cada vez que vienen, intentan aprovechar muchísimo esos momentos.
Eso me ha enseñado algo: la importancia de un abuelo no depende exclusivamente de la cantidad de horas compartidas.
La calidad, la atención y la continuidad también importan.
Cuando abuelos y nietos viven lejos
Cada vez hay más familias en las que hijos, padres y abuelos viven en lugares diferentes.
Eso obliga a mantener el vínculo de otras maneras.
Videollamadas.
Mensajes.
Fotografías.
Visitas.
Pequeños rituales.
Una llamada todas las semanas puede ser mucho más importante de lo que parece.
La distancia cambia la relación, pero no tiene por qué romperla.
¿Qué ocurre cuando los nietos crecen?
Esta es una parte de la relación entre abuelos y nietos de la que se habla bastante menos.
Los nietos crecen.
Llega la adolescencia.
Aparecen amigos, estudios, actividades, pareja, trabajo y proyectos propios.
Es completamente natural.
El problema es que desde la perspectiva de los abuelos ese cambio puede sentirse de una manera muy diferente.
De la presencia constante a una relación más distante
Una persona que durante años recogía a su nieto del colegio, preparaba la merienda o pasaba tardes completas con él puede empezar a verlo con mucha menos frecuencia.
Mientras tanto, sus propios hijos también tienen trabajo, responsabilidades y familia.
Puede aparecer entonces algo que considero importante no ignorar: el vacío que deja la pérdida de parte de esa vida familiar cotidiana.
Eso no significa necesariamente que los hijos o nietos quieran menos a sus mayores.
Muchas veces simplemente están construyendo su propia vida.
Pero querer a alguien y poder estar físicamente con esa persona todo el tiempo son cosas diferentes.
Cuando aparece la soledad
Una persona puede tener hijos y nietos que la quieren muchísimo y, aun así, pasar demasiadas horas sola.

Ahí es donde empezamos a comprender que el cuidado no consiste únicamente en cubrir necesidades físicas.
También necesitamos conversación.
Sentirnos escuchados.
Salir de casa.
Tener algo que esperar durante el día.
Sentir que seguimos formando parte de la vida de otras personas.
Durante nuestra infancia, nuestros abuelos escucharon cientos de historias nuestras.
Respondieron preguntas.
Nos acompañaron.
Nos llevaron de un sitio a otro.
Estuvieron disponibles.
Y puede llegar una etapa en la que sean ellos quienes necesiten algo parecido.
De ser cuidados a cuidar: cuando nuestros abuelos también nos necesitan
Con el paso de los años los papeles pueden empezar a cambiar.
Durante mucho tiempo fueron ellos quienes nos ayudaron.
Después puede llegar un momento en el que sean nuestros padres o abuelos quienes necesiten apoyo para determinadas tareas.
Y aquí creo que debemos ampliar nuestra manera de entender el cuidado.
Cuidar no significa únicamente atender una necesidad física.
Estar también es cuidar.
Escuchar.
Dar un paseo.
Acompañar.
Tomar un café.
Ayudar con algo que genera inseguridad.
Ir juntos a algún sitio.
Son cosas aparentemente sencillas que pueden tener muchísimo significado.
Cuando la familia quiere estar, pero no siempre puede
Hay que ser realistas.
Todos podemos decir que deberíamos pasar más tiempo con nuestros mayores.
Pero no todas las familias pueden hacerlo tantas horas como desearían.
Hay jornadas laborales, hijos pequeños, kilómetros de distancia, obligaciones y situaciones personales que hacen imposible estar siempre disponible.
Y creo que aquí debemos eliminar parte de la culpa.
Querer estar y poder estar no siempre son lo mismo.
Es precisamente en ese espacio donde pueden tener sentido los servicios profesionales de cuidado y acompañamiento.
Cuando el acompañamiento profesional completa el apoyo de la familia
Creo que aquí hay que establecer una diferencia muy importante.
Una empresa de acompañamiento no debería intentar sustituir el cariño de los hijos o de los nietos.
Su papel puede ser otro: estar en aquellos momentos en los que la familia no puede hacerlo.
Ese es precisamente el enfoque que tiene Mans Vives en sus servicios para familias y personas mayores en Valencia y alrededores. Dentro de su área de cuidado de mayores se plantean diferentes tipos de apoyo según las necesidades de cada persona y de su familia.
Y creo que es importante hablar de estas ayudas de forma concreta, porque «acompañar» puede significar cosas muy diferentes.
Ayuda en casa para que las visitas familiares vuelvan a ser visitas
Con el paso de los años, determinadas tareas domésticas que antes eran sencillas pueden empezar a exigir demasiado esfuerzo.
Limpiar.
Ordenar.
Preparar comidas.
Hacer la colada.
Mantener determinadas rutinas del hogar.
En ocasiones son los propios hijos quienes terminan ocupándose de todo durante las pocas horas que pueden pasar con sus padres.
El resultado es curioso: van a visitarlos, pero pasan buena parte del tiempo trabajando en la casa.
Un servicio de asistencia domiciliaria puede ayudar precisamente a descargar parte de esas tareas cotidianas para que la persona mayor continúe viviendo en un entorno cómodo y para que la familia pueda dedicar más tiempo a estar con ella, en lugar de utilizar cada visita para limpiar, ordenar o resolver trabajos pendientes. Mans Vives centra este servicio en el apoyo doméstico y aclara que no incluye tareas de enfermería ni control de medicación.
Desde mi punto de vista, ahí existe un beneficio emocional que a veces pasa desapercibido.
Si alguien se ocupa de parte de las tareas, un hijo puede volver a ser simplemente un hijo durante la visita.
Puede sentarse.
Hablar.
Tomar un café.
Escuchar.
Y disfrutar del tiempo con sus padres.
Compañía cuando las horas empiezan a hacerse demasiado largas
Después está probablemente la necesidad que más conecta con todo lo que he explicado hasta ahora: la compañía.
No todas las personas mayores necesitan que alguien haga algo concreto por ellas.
A veces necesitan simplemente que alguien esté.

Una conversación.
Un paseo.
Leer juntos.
Tomar un café.
Salir a comprar el pan.
Mirar fotografías.
Jugar una partida.
Contar esas historias que probablemente la familia ya ha escuchado muchas veces pero que siguen siendo importantes para quien las cuenta.
El servicio de compañía para personas mayores de Mans Vives está planteado precisamente alrededor de esa presencia y de actividades adaptadas a los gustos y ritmos de cada persona, tanto dentro como fuera del hogar.
Para mí esta parte tiene un valor especial.
Porque si pienso en mis abuelos, una de las cosas que más recuerdo es precisamente que tenían tiempo para escucharme.
Cuando yo preguntaba, respondían.
Cuando quería contar algo, estaban.
Quizás muchos años después cuidar también consiste en devolver algo tan sencillo como eso: tener a alguien dispuesto a escuchar.
Seguridad cuando hay que acudir al médico
También existen situaciones en las que la necesidad no es únicamente emocional.
Acudir a una consulta médica puede convertirse en un problema cuando la familia trabaja o no puede adaptar sus horarios.
La persona mayor puede necesitar ayuda para desplazarse, esperar, orientarse o simplemente sentirse acompañada en un momento que puede generar nerviosismo.
Para esos casos existe el servicio de acompañamiento a citas médicas, que Mans Vives plantea para ayudar en el traslado y acompañar a la persona durante la visita, pudiendo entrar en la consulta cuando la familia lo solicita.
Y aquí aparece otra idea que considero fundamental:
acompañar también significa dar seguridad.
Muchas veces la tranquilidad no procede de que otra persona haga algo extraordinario.
Procede simplemente de saber que no tenemos que afrontar una situación solos.
Los pequeños recados también pueden convertirse en grandes obstáculos
Algo parecido sucede con las gestiones cotidianas.
Ir a Correos.
Hacer una compra.
Resolver un trámite.
Recoger algo.
Acudir a una administración.
Para alguien joven pueden ser tareas sin importancia.
Con la edad, la movilidad reducida o determinadas dificultades, pueden convertirse en obligaciones agotadoras.
Disponer de ayuda para realizar esos recados y gestiones cotidianas permite resolver necesidades del día a día sin que la persona mayor tenga que enfrentarse sola a todos esos desplazamientos. El servicio de Mans Vives contempla, entre otras tareas, compras y diferentes gestiones fuera del domicilio.
Además, vuelve a aparecer el mismo principio.
Si otra persona puede encargarse de determinados recados, la familia puede dedicar una mayor parte de su tiempo disponible a aquello que nadie debería sustituir:
el vínculo familiar.
Una empresa de acompañamiento no sustituye a la familia
Para mí este punto es importante.
No creo que el papel de una empresa de servicios sea reemplazar a hijos o nietos.
Tampoco creo que una persona mayor deba sentir que su familia «la ha dejado» porque recibe ayuda profesional.
Puede ser precisamente todo lo contrario.
Buscar apoyo puede significar que una familia ha reconocido que no puede llegar a todo y ha decidido encontrar una solución para que esa persona continúe acompañada y segura.
En Mans Vives ese planteamiento se refleja especialmente en la combinación de compañía, ayuda doméstica, acompañamiento fuera del hogar y apoyo con determinadas gestiones.
La clave, desde mi punto de vista, es que exista confianza.
Que la persona mayor no sienta que alguien simplemente entra en su casa a cumplir una tarea.
Que exista conversación.
Respeto.
Continuidad.
Y tranquilidad también para la familia.
Porque hay una diferencia enorme entre estar trabajando pensando continuamente «¿estará bien mi madre?» o «¿habrá podido ir mi padre a esa cita?» y saber que hay alguien acompañándolo.
Acompañar a nuestros mayores también es devolver parte de lo recibido
Hay una imagen que resume bastante bien todo esto.
Cuando somos pequeños, muchas veces caminamos de la mano de nuestros abuelos porque somos nosotros quienes necesitamos seguridad.
Con los años puede llegar un momento en el que las posiciones cambien.
Quizás sean ellos quienes agradezcan tener a alguien a su lado.
No creo que haya que verlo como una deuda.
El cariño familiar no funciona como una cuenta en la que anotamos cuánto ha dado cada persona para después devolvérselo exactamente.
Pero sí merece la pena recordar todo lo que recibimos.
El tiempo.
La paciencia.
Las comidas.
Los desplazamientos.
Las preguntas respondidas.
Los pequeños caprichos.
Las historias.
Las enseñanzas.
La compañía.
Y, sobre todo, la presencia.
Cuando podemos estar personalmente, ese tiempo es probablemente una de las cosas más valiosas que podemos ofrecer.
Cuando no podemos hacerlo tanto como nos gustaría, buscar una persona o un servicio de confianza que ayude a cubrir esos momentos también puede ser una forma de cuidar.
Cómo fortalecer la relación entre abuelos y nietos
Una buena relación no aparece únicamente porque exista parentesco.
También necesita tiempo.
Y no hacen falta grandes actividades.
Preguntar a nuestros abuelos cómo era su infancia puede generar conversaciones increíbles.
Mirar fotografías antiguas.
Cocinar juntos una receta familiar.
Arreglar algo.
Salir a pasear.
Jugar a las cartas.
Ir al mercado.
Ver una película.
Escuchar música.
Simplemente sentarse a hablar.
Cuando existe distancia, la continuidad se vuelve todavía más importante.
Una llamada corta cada semana puede mantener mejor un vínculo que una conversación larguísima cada varios meses.
Con los adolescentes también hay que comprender que las necesidades cambian.
Probablemente no quieran hacer los mismos planes que cuando tenían seis años.
Eso no significa que la relación haya terminado.
Significa que debemos encontrar una nueva forma de relacionarnos respetando su creciente independencia.
Y cuando los nietos llegan a la edad adulta ocurre algo parecido.
Ya no necesitan que sus abuelos los recojan del colegio.
Pero todavía pueden aprender de ellos.
Preguntarles.
Escucharlos.
O simplemente disfrutar de su presencia.
Conclusión: una relación que deja huella en ambas generaciones
Después de pensar en mis propios abuelos y observar ahora a mis padres con sus nietos, creo que la importancia de los abuelos en el crecimiento de los nietos va mucho más allá del tiempo que pasan juntos.
Los abuelos pueden aportar cariño, paciencia, conocimientos, valores, estabilidad y una conexión con nuestra propia historia familiar difícil de encontrar en otro lugar.
Nos enseñan cuando se sientan a explicarnos algo.
Pero también enseñan cuando simplemente los observamos.
En mi caso aprendí de un abuelo que tenía paciencia para responder las preguntas de un niño curioso.
Aprendí de una abuela que nunca bajaba los brazos.
Vi el amor y la unión entre mis abuelos maternos.
Y recibí durante años el cuidado cotidiano de personas que estaban disponibles mientras mis padres trabajaban.
Ahora veo a mis padres convertidos en abuelos y comprendo todavía mejor la intensidad de ese vínculo.
Pero también veo cómo el tiempo modifica las relaciones.
Los nietos crecen.
Los hijos tienen responsabilidades.
Los abuelos envejecen.
Y puede llegar un momento en el que las personas que durante tantos años dieron tiempo, cariño y seguridad sean quienes necesiten recibirlos.
Por eso creo que el acompañamiento de las personas mayores debería entenderse de una manera mucho más amplia que simplemente «hacerles cosas».
A veces cuidar significa escuchar.
Acompañar al médico.
Salir a pasear.
Ayudar con una gestión.
Estar presente.
Y cuando nosotros no podemos hacerlo siempre, contar con apoyo profesional puede permitir que nuestros mayores sigan sintiéndose acompañados y seguros.
Ese es también el sentido que intentamos dar en Mans Vives a nuestro trabajo: ayudar a las familias en aquellos momentos en los que quieren estar, pero las obligaciones y las circunstancias no se lo permiten.
Porque, al final, quizá la relación entre abuelos y nietos pueda resumirse de una manera muy sencilla:
durante muchos años ellos caminan a nuestro lado mientras crecemos; después llega un momento en el que nosotros podemos acompañarlos mientras envejecen.
Preguntas frecuentes sobre la relación entre abuelos y nietos
¿Por qué son importantes los abuelos para los nietos?
Los abuelos pueden aportar cariño, seguridad emocional, conocimientos, experiencia de vida y una relación diferente a la que los niños mantienen con sus padres. También pueden transmitir valores, historias familiares y aprendizajes prácticos mediante la convivencia y el ejemplo.
¿Qué valores pueden transmitir los abuelos?
Dependerá de cada persona y cada familia, pero pueden transmitir valores como el respeto, la paciencia, la perseverancia, el esfuerzo, la generosidad y la responsabilidad.
Muchas veces estos valores no se transmiten mediante consejos directos, sino observando cómo actúan los propios abuelos.
¿Qué aprenden los niños de sus abuelos?
Pueden aprender habilidades prácticas, tradiciones, historias familiares y distintas maneras de afrontar los problemas. También aprenden a relacionarse con personas de otra generación y a comprender que existen otras experiencias y formas de ver el mundo.
¿Qué papel tienen los abuelos en la crianza de los nietos?
La responsabilidad principal corresponde a los padres, pero los abuelos pueden convertirse en una importante red de apoyo familiar. En algunos hogares participan regularmente recogiendo a los niños, preparando comidas o cuidándolos mientras los padres trabajan.
¿Es malo que los abuelos consientan a sus nietos?
No necesariamente. Algunos pequeños privilegios pueden formar parte de la complicidad entre abuelos y nietos. El problema aparece cuando los abuelos contradicen constantemente las decisiones educativas de los padres o eliminan todos los límites.
¿Cómo mantener la relación entre abuelos y nietos si viven lejos?
Las llamadas, videollamadas, fotografías, mensajes y pequeños rituales ayudan a mantener la relación. Más que esperar grandes ocasiones, suele ser útil mantener un contacto relativamente frecuente y aprovechar bien el tiempo cuando pueden encontrarse personalmente.
¿Qué ocurre cuando los nietos llegan a la adolescencia?
Es normal que busquen más independencia y dediquen una mayor parte de su tiempo a amigos, estudios y nuevos intereses. La relación con los abuelos puede cambiar sin que eso signifique que haya desaparecido el cariño.
¿Qué podemos hacer cuando una persona mayor pasa demasiado tiempo sola?
Lo primero es intentar comprender qué necesita realmente. Algunas personas pueden necesitar ayuda práctica y otras, principalmente, conversación y compañía. Cuando los familiares no pueden estar disponibles todo lo necesario, un servicio profesional de acompañamiento puede complementar el apoyo familiar.
¿Puede una empresa de acompañamiento sustituir a la familia?
Ese no debería ser el objetivo. El acompañamiento profesional puede cubrir determinados momentos, tareas o necesidades cuando hijos y nietos no pueden estar presentes, pero el vínculo emocional con la familia sigue teniendo un papel propio.
¿Qué tipo de ayuda puede recibir una persona mayor en su día a día?
Dependiendo de sus necesidades, puede recibir compañía, ayuda con tareas domésticas, acompañamiento para salir o acudir a citas, apoyo con compras y gestiones cotidianas. Lo importante es adaptar la ayuda a la autonomía, preferencias y circunstancias de cada persona.

